Piel, Vinculo y Contacto

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Este otoño estrené un nuevo formato de taller, un espacio abierto y participativo de enseñanza y aprendizaje en grupo como a mi me gusta, compartiendo experiencia, inquietudes, preguntas y visiones personales.
La primer parada fue en Esperanza, localidad de la provincia de Santa Fe que no conocía y me quedé encantada. Allí me recibió Inés Vionnet y un grupo con ganas de crear cuerpo, sentido y vínculo junto a sus/los bebés.

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Siempre con ganas de que otros integrantes del entorno afectivo del bebé se sumen al círculo de práctica y aporten también su sensibilidad y apertura hacia el cuidado amoroso. Sí, mis palabras van dirigidas a los hombres, creo que es de inmediata importancia que se reconozcan capaces de participación, de paternar abiertamente como seres de cuidado y sensibilidad. Aprender a dar masaje es aprender a sentir el cuerpo de uno en relación al otro, es aprender a crear cauce y espacio para la vida. Tocar y ser tocados es memoria de contacto, es reconocer al otro en su corporalidad creando lazos de empatía y cooperación muy efectivos para el aprendizaje, la creatividad y el vínculo igualitario.

Vuelvo a rescatar en mi hacer la importancia del tiempo presente en la escucha, en el reconocimiento del movimiento, en la sensibilidad necesaria para darle cauce al pulso/necesidad de los cuerpos en el contacto. A ver cómo ‘acoplar la mano’ en la topografía corporal del otro para crear contacto de mutua implicancia. Y esto, no se le escapa a ningún/a bebé.

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Insistí mucho en separar el tiempo del masaje del tiempo de juego, porque hay un tiempo para darle rienda suelta a la imaginación, a los revolcones, las morisquetas y las risas…., pero también hay un tiempo para instalar en los cuerpos la quietud. Envolver el cuerpo del bebé con sensibilidad y escucha, receptividad y amorosidad para calmar su piel y abrirla a su reconocimiento, explorar los pliegues, las posibilidades articulares, las reacciones esperables, el movimiento que se sucede como respuesta al toque, al roce, al aceite, al movimiento, a la sujeción…creando una corporalidad relacionada y además, maternando y paternando una relación afectiva juntos y con otros. Toda una constelación de posibles cercanías y lejanías afectivas que nos permiten humanizar nuestra complicidad de vida.

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