Con la S de silencio

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Escribo mis palabras a la vuelta del camino amaneciendo en un pueblo en medio de las sierras justo en el instante que la noche se vuelve luz de amanecer y el aire se llena de cantos, trinos, silbidos, chillidos y reclamos. Escribo con lápiz y papel mis propias y sonantes palabras de silencio.
Hoy toca caminar de distinta forma, hoy toca caminar con lo ojos cerrados para escuchar y dar paso al sonido. Tengo intención de capturar mis primeros paisajes sonoros y tramar un mapa que es escucha. Oler a tierra para mí es un placer de sentido, al igual que dejarme guiar por el agua de la acequia y un crujir de pie descalzo que corta la respiración agitada en un presente de reflexión, olvido y escondida.
De lo invisible que se torna una sonrisa en el medio del gris a lo visible del pasar pedaleando con los pelos revueltos y una mirada clara, curiosa, precisa. De saludos y encuentros extraños que se vuelven cercanos a los instantes lejanos de cuerpos que se miran pero no se ven. Gracias Pedro por parar el coche, bajarte y enseñarme el olor de las flores del palo amarillo.
A lo largo del callejón, los encuentros se suceden, a veces para preguntar, otras para sonreír, otras simplemente, para acompañar los pasos en el silencio. A veces, los perros se adueñan del lugar e irrumpen con su ladrido de estruendo el paso ligero de un caballo que se pasea a las últimas horas de la siesta. El aguaribay también sestea en su propia sombra, tejiendo enredadera y susurrando a la arena que danza al paso de una rueda.
No hubo luna llena esta vez, así que la sombra negra acompañó la caminata nocturna. Es increíble como lo sencillo se torna necesario. Es increíble como la compañía de un extraño es la mejor de todas las posibles.
Si tuviera que recomendar San Marcos Sierras, no lo haría. No al menos para personas que habitan cuatro paredes y desean cambiarlo todo. Es un pueblo entre sierras que anhela seguir como está. Con sus aguas claras, sus puentes de piedra blanca, sus calles de tierra polvo, sus atardeceres de ronda y palabra. Un mundo posible que transcurre en el silencio humano, y se llena de ese ruido habitado por el mundo que se va perdiendo, extinguiéndose a las orillas de otros mundos.
San Marcos – Barrio La Banda – 6 am (próximamente)
San Marcos – Salto de río cerca del Puente – 9 am (próximamente)
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2 Comentarios

  1. Sin saber de donde hablabas, desde el principio me imaginé Córdoba,…que increíble es esa provincia, como me enamoré de ella los pocos días que la conocí…¡Como adoro el sonido de las acequias!………Y justamente hace 2 días iba a partir hacia allá, es más anhelaba llegar a San Marcos sierra (a pesar de que aun no lo conozco) para vivir todas esas cosas que tan bonitamente retrataste en tus palabras…¡como se añora ese silencio!, pero bue, las vueltas de la vida hicieron que decidiera no tomarme ese tren, y me quedara un rato más en el ruido…Tus palabras me revolvieron el corazón de aquí para allá…

    1. Cuando llegues a San Marcos, una parte de él quedará en ti para siempre. Te recomiendo que vayas a finales de marzo, comienzos de abril o en octubre, principios de noviembre. Visité San Marcos por vez primera, hace veinte años atrás y siempre supe que ese era "un lugar en el mundo" para mí. Ya me contarás 😉

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